Es un avance científico muy importante: por primera vez, un equipo de investigadores ha conseguido conservar un riñón de cerdo durante más de un año a temperaturas ultrabajas y recuperar su funcionamiento al recalentarlo.
Pero hay un matiz fundamental: todavía NO se ha demostrado que pueda mantener con vida a un animal a largo plazo, ni que la técnica esté preparada para aplicarse a personas.
¿Cómo lo han conseguido?.
El equipo de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) utilizó tres técnicas combinadas:
- Vitrificación: enfriaron el riñón hasta unos −150 °C con sustancias crioprotectoras que evitan la formación de cristales de hielo capaces de destruir las células.
- Almacenamiento criogénico: mantuvieron el órgano en ese estado durante meses; uno de los riñones permaneció así durante más de un año.
- Nanocalentamiento: introdujeron nanopartículas de óxido de hierro que, mediante un campo electromagnético, permitieron calentar el órgano de manera rápida y uniforme, reduciendo el riesgo de grietas y daños. Al recuperar la temperatura, los riñones restablecieron el flujo sanguíneo y comenzaron a producir orina. Algunos también se trasplantaron a cerdos y se observaron durante un periodo breve.
¿Por qué puede cambiar los trasplantes?.
- Órganos disponibles durante meses o años.
Hoy, los riñones donados suelen tener que trasplantarse en un plazo de aproximadamente 24 a 36 horas, dependiendo de las condiciones de conservación. Un banco de órganos criopreservados podría ampliar enormemente ese margen.
- Mejor compatibilidad entre donante y receptor.
Los médicos tendrían más tiempo para encontrar al receptor adecuado y organizar la intervención sin tanta presión logística.
- Menos órganos desperdiciados.
Podrían reducirse las pérdidas de órganos que no llegan a tiempo a su destino o que no encuentran un receptor adecuado dentro del plazo de conservación.
¿Qué falta para utilizarlo en humanos?.
Hay tres grandes obstáculos:
- Daños celulares: los riñones mostraron signos de lesión y su producción de orina fue inferior a la esperada.
- Toxicidad: las sustancias crioprotectoras necesarias para evitar que el hielo pueda dañar los tejidos.
- Funcionamiento a largo plazo: todavía hay que demostrar que un riñón conservado durante un año puede mantener la función renal de un receptor durante periodos prolongados.
Además, el estudio se publicó en octubre de 2026 como un preprint, es decir, un trabajo científico que todavía no ha completado la revisión por pares. Conviene ser prudentes porque los resultados podrían cambiar tras la revisión o al realizar nuevos experimentos.
En resumen: no significa que ya podamos congelar un riñón humano y utilizarlo años después. Significa que se ha superado una barrera tecnológica crucial: conservar durante un año un órgano mamífero de tamaño comparable al humano y recuperar después una parte sustancial de su función.
Si esta técnica llega a perfeccionarse, podría transformar la medicina de los trasplantes al permitir que los órganos esperen a los pacientes, en lugar de obligar a los pacientes a depender de una carrera contrarreloj.